Sufragistas (Suffragette, 2015) de Sarah Gavron

sufragistas

La directora Sarah Gavron trata de exponer el movimiento sufragista a través de la historia de una lavandera trabajadora y explotada, Maud Watts (Carey Mulligan), y su despertar o conciencia como mujer con deberes pero también derechos (que durante toda su vida han brillado por su ausencia), entre ellos, el del voto, para de esta manera poder también aspirar a un cambio de su situación en el futuro. Así parte de un personaje de ficción para codearla con personajes y acontecimientos históricos verídicos que tratan de exponer la complejidad del movimiento. Y digamos que con una obra cinematográfica visualmente clásica y correcta y con una galería de actrices femeninas carismáticas (Carey Mulligan, Helena Bonham Carter, Anne Marie Duff…), la directora pone en marcha una introducción válida para empezar a indagar en este grupo de mujeres que lucho por conseguir el voto.

Así la película se balancea entre el melodrama con tintes del Dickens más social, donde Maud Watts no solo despierta y se rebela contra su sumisión sino que toma conciencia de lucha y se convierte en madre coraje bajo la lluvia, y el documento histórico que trata de explicar las complejidades y contradicciones (lucha con actos cada vez más violentos o tan solo con meditados actos de protesta) de un movimiento que sí consiguió un cambio importante para las mujeres, una lucha, sin embargo, que sigue en marcha y en plena actualidad. Y pone en primera línea personajes históricos como Emmeline Pankhurst (Mery Streep) o Emily Wilding Davison que fueron dando pinceladas a la historia de un movimiento social revolucionario y necesario o ficciona situaciones interesantes como la relación que se establece entre el personaje de Maud Watts y un inspector de policía con rostro de Brendan Gleeson.

Macbeth (Macbeth, 2015) de Justin Kurzel

Macbeth

Como analizamos apenas hace unos días, Paula Ortiz se arriesgaba y se tiraba sin red para realizar La Novia, basada en Bodas de sangre de Federico García Lorca; así ocurre también con el director australiano Justin Kurzel y su Macbeth, basada en la obra de Shakespeare. Y es importante hacer hincapié en la palabra “basada”, porque ambos cineastas aportan sus miradas y el lenguaje totalmente cinematográfico y visual para trasladar las obras teatrales a la pantalla de cine.

Y la mirada de Justin Kurzel sobre Macbeth trae un aspecto interesante, pero también parece que Shakespeare a veces se le escapa o la intensidad de su tragedia por una belleza formal que enfría los momentos de catarsis. Toda la película adquiere un halo de alucinación continua y angustiosa. Tanto Macbeth (Michael Fassbender) como lady Macbeth (Marion Cotillard) parten de momentos traumáticos y continuos, a la dureza de la vida en una Escocia medieval se une la pérdida de un bebé, una dura y violenta batalla con muertes que afectan al guerrero, y un futuro oscuro…

Una predicción de las hermanas fatídicas (¿aparición o alucinación?) a Macbeth y su compañero Banquo… despierta las ansias de poder del matrimonio, quizá para alcanzar una posible calma, que no es más que un espejismo. Violencia, sangre, traición y asesinato. Lucha de poderes. Macbeth actúa continuamente bajo estrés postraumático… y esa es la idea más brillante de la mirada de Justin Kurzel, que sin embargo no favorece a la evolución y posterior locura del personaje potente de lady Macbeth, que en esta versión no logra toda su fuerza (sobre todo durante su locura y posterior suicidio).

Por otra parte el director crea un retablo visual potente donde la luz de las velas, se mezcla con la niebla o con el rojo intenso de un incendio. O la humedad del ambiente, se mezcla con los ropajes oscuros o las pinturas de guerra. Las lágrimas caen de los rostros de los personajes que desvelan su continúo tormento. Un lenguaje visual que da sensación de un ambiente de alucinación constante con la ralentización de imágenes con efectos de gran belleza.

Marte (The martian, 2015) de Ridley Scott

marte

Una película de aventuras clásica pero en un planeta lejano y mítico. Ridley Scott se empapa de la épica de Robinson Crusoe, del Chuck Noland de Náufrago o de los conquistadores y colonos que se quedaron solos en tierras lejanas… y se va a Marte. Allí nos presenta a Mark Watney (Matt Damon), un astronauta que sufre un accidente y es abandonado por sus compañeros pues le creen muerto. Una historia de supervivencia donde Mark pone todas sus habilidades en marcha porque como dice desde un principio no piensa morir allí.

Así que emoción asegurada ante la pregunta de cómo sobrevivirá el héroe y cómo será rescatado y llegará de nuevo a la tierra. Por supuesto con todos los obstáculos posibles por el camino. Pero Scott imprime no solo un buen ritmo a la historia sino que coloca a su personaje en un Marte que se convierte en un planeta hostil pero hermoso. Y al héroe le pinta como un hombre con un optimismo indestructible pues no tira la toalla en ningún momento. Y entre cultivos de patatas y otras hazañas, todo lo envuelve con música de los ochenta (la única que ha dejado la comandante de la expedición) que va de Abba a David Bowie, para que no decaiga el ánimo. Con una factura visual impecable, Scott además imprime ritmo entre la soledad del héroe y los esfuerzos que realizan tanto en el planeta tierra como en la nave de sus compañeros para poder hacer posible el milagroso rescate. Entretenimiento puro.

B (B, 2015) de David Ilundain

B

El debut cinematográfico de David Ilundain pone los pelos de punta y enfrenta cara a cara con la corrupción política de un país, el nuestro. Ilundain vio en un escenario, y se quedó impactado, la obra Ruz-Bárcenas en el Teatro del Barrio. El dramaturgo Jordi Casanovas había utilizado como texto dramático la transcripción literal de la declaración de Bárcenas ante el juez Ruz el 15 de julio de 2013. Alberto San Juan decidió dirigir la obra con Pedro Casablanc y Manolo Solo como actores principales.

Pero David decidió que era tan potente lo que había disfrutado como espectador con lo representado en el escenario que tenía que convertir ese material en película. Y en ambos casos se produjo el milagro: se ficciona un documento y funciona. Se pone frente la mirada de los espectadores, totalmente al desnudo, las cloacas del poder. Y es tan fuerte el contenido de lo que se escucha que se convierte en obra con ritmo, tensión y suspense. Es tan fuerte lo que se escucha que hasta provoca la risa incómoda. Así B se sostiene con el enfrentamiento/duelo de un Bárcenas que arrasa y un juez Ruz que contiene pero va soltando un hilo que abruma. David Ilundain no arriesga con la forma (todos los personajes encerrados en una sala de juzgado), planos/contraplanos de Bárcenas y Ruz e insertos de los rostros con las reacciones de los miembros de la acusación, los abogados de Bárcenas, el técnico de sonido y grabación… pero el contenido golpea y es contundente.

La cueva (La cueva, 2012) de Alfredo Montero

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La cueva es una película de terror psicológico y claustrofóbico que parte de una buena idea pero no está bien desarrollada. Así La cueva tenía muchas posibilidades, y consigue convertir la gruta en un personaje infernal y agobiante, pero la historia contundente que podría haber planteado, no fructifica. Alfredo Montero opta por el metraje encontrado o grabado, que ya se está convirtiendo en un subgénero (no hay más que irse a El proyecto de la bruja de Blair, Rec o La visita). Un grupo de cinco amigos se van de veraneo a Formentera a aislarse durante unos días del mundo. Todo lo está grabando uno de ellos con una cámara… Un día encuentran una cueva por casualidad y se meten en ella… pero es una trampa natural de la que es imposible salir.

La situación va llegando al límite hasta tal punto de que los amigos se transforman en enemigos a batir para lograr la supervivencia y encontrar la salida. Esta atractiva y terrorífica idea no está bien dibujada. Y es una pena porque cuenta con el ambiente adecuado, con una forma de rodarla que funciona pero el desarrollo de los personajes, las relaciones que se establecen entre ellos (antes y después de entrar en la cueva) y los actores elegidos desinflan y debilitan la cruda propuesta.

En tierra de sangre y miel (In the Land of Blood and Honey, 2011) de Angelina Jolie

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En tierra de sangre y miel sorprende gratamente. Sin embargo cuenta con el hándicap de que nadie se la tomó ni se la toma demasiado en serio por quién la rodaba (que además sigue realizando trabajos como directora), se partía de un doble prejuicio: ¿por qué Angelina Jolie no puede realizar una buena labor como directora? ¿Por qué no se puede analizar con seriedad su obra cinematográfica?

Lo cierto es que realiza un buen debut, contundente y fuerte, con una mirada muy cinematográfica y con decisiones de puesta en escena inteligentes. Jolie tiene claro que quiere denunciar un hecho y realiza una película dura y directa para hacerlo.

Para ello narra una historia trágica de amor imposible entre un policía serbio y una pintora bosnia musulmana que ven truncada su historia por el estallido de la guerra. Ambos vuelven a encontrarse en pleno conflicto pero en condiciones (y situaciones) muy diferentes… y ahí no es posible volver a amarse.

La película denuncia crudamente cómo se empleó y se emplea la violencia sexual sistemática como arma de guerra (violaciones, humillaciones continuas, palizas, sumisión brutal…) así como también muestra el exterminio brutal que sufrieron los musulmanes bosnios por parte de los serbios. No hay concesiones y sí muestra también que es muy complejo entender cómo se llegó a esa violencia y horror. Y en una película cruda muestra momentos hermosos para reflejar esa historia de amor imposible: una habitación desnuda de paredes blancas y dos sombras gigantes que bailan (pertenecen a los protagonistas)…, como dos fantasmas, tratando de recuperar esa química que surgió antes de la contienda en un local donde bailaron juntos. Y realmente Jolie logra contar una historia de sangre y miel…

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