lanovia

“… Y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes”, así dice la novia en el cuadro último del tercer acto de Bodas de sangre de Federico García Lorca. Y así decide prácticamente empezar Paula Ortiz su película La novia basada en esa misma obra. La novia se convierte así en una propuesta cinematográfica muy arriesgada y bella donde Paula Ortiz, que denota su conocimiento sobre la fuente literaria, se tira sin paracaídas. Sin embargo, a pesar de sus logros y aciertos, no se alcanza la catarsis de la tragedia poética de Lorca. Todo es más fantasmal, distante y frío. Un poquito de agua…, el río oscuro desaparece.

La historia de La novia se convierte en fantasmal, etérea. Sus personajes se mueven en áridos y bellos paisajes, en edificios solitarios y con relatos en sus muros. Interiores con detalles. Todo da sensación de paso del tiempo y ruina… pero también de indeterminación de fecha. Es como si ese paisaje (entre la Capadocia y Los Monegros) contara una y otra vez la misma historia trágica de sus fantasmas y estos repitiesen una y otra vez su sino.

Y la directora aporta también elementos mágicos y oníricos a sus particulares Bodas. Convierte la tragedia en fábula fantástica y resta catarsis. La poesía de Lorca que marcaba paso a paso la tragedia queda convertida en cuento fantasmal con sus criaturas atrapadas. Así Paula Ortiz arriesga con sus dagas de cristal, con las ensoñaciones premonitorias de la novia, rompe la elipsis de la muerte de los dos hombres (y crea uno de sus momentos más arriesgados), aumenta el protagonismo de la mendiga (la muerte… y une las raíces y el futuro de la novia en su imagen) y recrea la infancia de sus protagonistas y la raíz de su tragedia…

Pero a su vez Ortiz desvela su conocimiento del universo lorquiano por lo que no falta el brío y sensualidad de los caballos, la continúa premonición (no obstante empieza por un desvelamiento sesgado del final de la obra), la presencia de la luna (pero no como personaje), eros y tanatos siempre de la mano… y tampoco desaparece el poeta en su banda sonora de canciones populares o que recrean el mundo poético lorquiano (como la presencia de La Tarara -que canta Inma Cuesta- o la versión de Soledad Vélez de Take this waltz de Leonard Cohen)…, todo envuelto con la especial y hermosa melodía de Shigeru Umebayashi.

… Paula Ortiz da vida a los personajes lorquianos con un reparto que aleja o acerca su universo. Belleza y sensualidad meditarránea para la novia de Inma cuesta. El novio y Leonardo son quizá las piezas que desequilibran la balanza pues a pesar de contar con rostros carismáticos tanto Asier Etxeandia como Alex García… no dejan ver ese binomio central de un poquito de agua y un río oscuro (aunque protagonizan una de las escenas más arriesgadas… y es curiosamente el único momento en que consiguen convertirse en esos versos). Después un reparto de secundarios brillantes: una madre dura y oscura (Luis Gavasa), y un padre al que se le rompen los sueños (el recientemente fallecido Carlos Álvarez Novoa. Una vecina que sufre con una mujer de Leonardo que presiente (Ana Fernández y Leticia Dolera). Una criada realista (Consuelo Trujillo) y una muerte con rostro de novia envejecida (María Alfonsa Rosso)…

… Paula Ortiz con La novia deja una tragedia de fantasmas condenados a repetirla una y otra vez… que de fondo aúllan los ecos de Lorca.

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