elhombreyelmonstruo

… esta adaptación cinematográfica de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson transforma esta novela de interpretaciones complejas en un cuento visual de terror victoriano. Pero además su director Rouben Mamoulian realiza una película formalmente innovadora y convierte en un deleite su visionado.

Así la dualidad del bien y el mal en el alma humana queda expresada en la transgresión de las normas victorianas sobre el decoro y el amor o en su acatamiento total y absoluto. Para reflejar esta pugna la versión cinematográfica emplea la lucha del protagonista entre sucumbir al amor ideal y casto que ofrece su novia eterna y futura esposa, Muriel (Rose Hobart) o a la vida de pasión y desenfreno en los bajos fondos que promete la prostituta Ivy (Miriam Hopkins).

Rouben Mamoulian cuenta su historia con la cámara y con un maravilloso dominio del lenguaje cinematográfico, que ha llegado a un perfección envidiable, y que empieza a experimentar con el mundo sonoro. Primero para presentarnos la vida perfecta del doctor Jekyll se sirve de la cámara subjetiva. Vemos solo lo que él observa… hasta que se mira en el espejo y entonces vemos su rostro reflejado (Fredric March). Su vida es ordenada y además se deja llevar por artes como la música, se codea con lo mejor del mundo científico y la sociedad civil y tiene tiempo además para trabajar en un hospital de beneficencia. Pronto va a casarse (aunque le puede la impaciencia y el deseo de querer adelantar la fecha) con una chica de buena sociedad, Muriel. Y además, como anuncia en una conferencia frente estudiantes y colegas, está realizando investigaciones científicas para poder separar el yo benigno y el yo maligno que conforman el alma humana y están en continua pugna. Con la separación, el yo benigno no tiene límites para llegar a lo más alto… Y el otro yo puede aislarse. El ingenuo doctor Jekyll subestima el poder del yo maligno.

Son los años pre code así que no hay freno para el reflejo del mundo de los bajos fondos de la sociedad victoriana, ni para mostrar explícitamente los encantos físicos de la prostituta Ivy que hacen que se dispare la pasión, el deseo y la sexualidad de Jekyll. Una pasión reprimida que solo puede darle rienda suelta cuando triunfa en su experimento y se transforma en el señor Hyde. Sensualidad y violencia. Ivy se convierte en una triste víctima que nunca entenderá que desea a quien más daño le provoca.

Pero además Mamoulian trabaja las transiciones y las dota de significado (y juega continuamente con la dualidad) al dividir la pantalla en dos…, hasta que predomina una de ellas. Cuida los ambientes (el laboratorio, la señorial casa de la amada, el cabaret donde trabaja Ivy, la habitación de Ivy, las calles con niebla y sombras, estrechas y oscuras) y realiza una puesta de escena elegante y eficaz que le permite jugar de manera maravillosa, por ejemplo, con los espejos. Todas las escenas importantes y las más sobrecogedoras tienen como testigo un espejo…

Y como buena película de terror “juega” con los efectos especiales en este caso importantes para hacer ver al público la temible transformación del hombre en monstruo. Cuando se sigue la moral victoriana, el doctor Jekyll es un hombre elegante, joven y bello…, cuando se rompe con ella surge el monstruo, el señor Hyde, una especie de hombre primitivo que cede a los instintos de la violencia y la sexualidad. Y para dar vida a los dos un Fredric March que muestra cómo es capaz de construir personajes cada vez más complejos.

Al final es cuento visual de terror con final trágico, magníficamente narrado (su mayor valor es cómo está contado), porque nada bueno sale de la separación del bien y el mal del alma del doctor Jekyll. De hecho el doctor no puede dominar al señor Hyde que se apodera de su vida y la pone patas arriba. La transgresión continua tiene un precio muy caro (o la lectura simplista y muy victoriana…, salirse de la norma solo da problemas). No vale de nada ni la amistad ni el amor para establecer el orden (ni siquiera la sombra siempre atenta del mayordomo Poole)…, solo es posible la destrucción para quien ha llegado demasiado lejos, no se puede jugar con el alma.

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