lacumbreescarlata

Al principio de La cumbre escarlata hay una conversación entre varios personajes en que unos dicen que la protagonista, que está elaborando su primera novela, es una Jane Austen y ella prefiere compararse con Mary Shelley. Esa primera novela es una de fantasmas… porque la primera frase de La cumbre escarlata es que los fantasmas existen. Y ya es toda una declaración de principios, Del Toro ya nos ha dicho mucho. Pero la película de Guillermo del Toro es una genial novela cinematográfica con infinitas referencias literarias y cinematográficas. Y sin duda, si hubiera que definir con una autora esta novela cinematográfica, esta definición se decantaría hacia las hermanas Brönte y su manera de reflejar el amor fou…, desbocado, irracional… dentro de casas y paisajes tan vivos como los personajes.

Y Guillermo del Toro crea un universo ideal de novela gótica, fantástica, de fantasmas, amores desgarrados, secretos inconfesables, cuentos macabros y casa encantada con vida propia… y por supuesto con una heroína que se enfrenta a todos los miedos (una etérea Mia Wasikowska). Y el romanticismo de belleza decadente llega a su cumbre en ese baile de la vela… donde el baronet Thomas Sharpe (Tom Hiddleston, el mejor caballero decadente y elegante del cine actual) enseña a burgueses norteamericanos cómo bailar un vals con estilo europeo… para ello entre la pareja deben sostener una vela encendida… y bailarlo con tal elegancia y suavidad, que la llama no se apague. Thomas Sharpe hace su elección de pareja ideal: la heroína del cuento, Edith Cushing (Mia Wasikowska). Y todo ante la atenta mirada del tercer personaje y vértice de esta historia de amores irracionales, la hermana de Thomas, Lucille (una enigmática y sensual Jessica Chastain). Lucille es una interesante mezcla de varios personajes que construyen una personalidad atrayente (señora Danvers y Rebeca en un solo cuerpo, Barba Azul, la trágica Berthe Mason –la primera esposa del señor Rochester– e incluso la heroína de Cumbres borrascosas, Catherine).

La cumbre de esta historia tiene que desarrollarse en un espacio único, con vida propia, y como en toda buena historia de fantasmas y casa encantada…, es necesario proporcionar una que cubra todas las expectativas. Así que los tres personajes (después de un suceso de lo más gore –Del Toro nunca deja a un lado la violencia explícita– que precipita una decisión de la heroína del cuento) terminan juntos en la mansión europea, en Gran Bretaña, de los hermanos Sharpe, Allerdale Hall. Ya se cae en pedazos en ese siglo XIX que está dando paso a la modernidad… Y esa casa cuenta con todos los ingredientes necesarios para convertirla en un personaje más: rincones secretos, cualidades especiales (una casa que sangra… por esa arcilla roja sobre la que se sustenta), sus paredes respiran, sus habitaciones cerradas, sus techos que prácticamente se derrumban, habitada por fantasmas y espíritus que ocultan un pasado… y ser mirada y sentida por una heroína con una especial sensibilidad.

Pero al final lo que oculta La cumbre escarlata son amores llevados al extremo (tan al extremo que rozan el odio), pasiones e instintos que llevan a los protagonistas al límite, a lo irracional y a las profundidades del abismo. Un romanticismo decadente que lleva a todos los protagonistas al descenso de los infiernos, al sinsentido y a la tragedia.

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