philomena

Lo que consigue crear Stephen Frears (y el impulsor del proyecto tanto en producción como en guion y también como coprotagonista, Steve Coogan) con Philomena es una buena película de interés humano. Así se crea una película que mezcla la investigación periodística de un caso concreto y complejo, el viaje de dos personajes antagónicos y el sentido del humor para tocar, con sensibilidad, el tema de los niños robados. Y parte precisamente de un material concreto: el de un periodista británico, Martin Sixsmith, que contó en un libro la historia de una mujer, Philomena Lee. Una enfermera irlandesa, humilde y de barrio obrero que pasados cincuenta años confesó a su hija que con catorce años se quedó embarazada y su familia avergonzada la internó en un convento donde la hicieron trabajar duro para purgar sus pecados… y allí, sin su consentimiento, dieron en adopción a su hijo (lo vendieron, para más inri, a una familia estadounidense)…

En el periodismo hay varias ramas y una de ellas son las informaciones de interés humano (puede tener forma de reportaje, de entrevista, de crónica o de perfil). Interés humano es centrarse en una individualidad o en un proyecto pequeño o en una comunidad mínima para ver cómo le afecta la Historia con mayúsculas. Cómo afecta una catástrofe natural, una crisis económica, un conflicto bélico, una enfermedad desconocida (como fue en su momento el SIDA), una determinada situación o medida política… en un individuo. Es dar un rostro a la noticia. Las informaciones de interés humano pueden convertirse en universales y hacer entender mucho mejor o de manera más cercana cuestiones complejas. Pero las informaciones de interés humano pueden también ser morbosas, manipuladoras y sensibleras si no están realizadas con profesionalidad, cariño, trabajo y mucho respeto hacia la persona entrevistada o hacia el proyecto elegido. Esto, por suerte, no ocurre con Philomena. Hay mucho cariño por la historia que cuenta. Emociona, toca temas difíciles y sobre todo, como el personaje de Philomena (Judi Dench), no hay odio para contar hechos muy injustos… pero sí denuncia.

En las informaciones de interés humano hace falta fijarse en las personas y convertir sus vidas en cercanas y especiales. Entenderlas. Ver más allá, entre los defectos y virtudes y las contradicciones, para captar por qué su vida tiene que ser contada. Por qué va a llegar al lector de prensa. Qué es lo que se va a ver reflejado, lo que se va a entender… al contar su historia individual. Y Philomena es una película de personajes que nos llegan con toda su complejidad (y de eso entiende mucho Stephen Frears, de buenos personajes… obreros, aristócratas, timadores, gente de la calle o bajos fondos o de la realeza, artistas frustrados que viven como pueden los obstáculos de la existencia) y nos cuenta la extraña complicidad que surge entre un periodista británico, especializado en información política, desencantado y en un momento muy delicado de su vida profesional y una anciana jubilada que se siente con fuerzas para encontrar a su hijo, que en el momento de la búsqueda tendrá cincuenta años. Un viaje por Irlanda y EEUU que tendrá sus resultados y cerrará un círculo. Un viaje doloroso pero también lleno de descubrimientos. Y el choque de dos egos que se complementan, una mujer mayor sencilla pero con mucha inteligencia emocional, que no alberga odios a pesar de los golpes recibidos y que además, pese a que la institución de la Iglesia le ha hecho tanto daño, sigue siendo creyente, y un periodista intelectual, racional y emocionalmente torpe que se indigna y anda además muy desencantado con el mundo que le rodea… pero que conecta de lleno con la búsqueda de Philomena. Y de ese choque surge la ternura y también la risa…, así como el aprendizaje por parte de ambos.

Philomena se ve con emoción, con delicadeza y sensibilidad. Realiza un bonito dibujo no solo de los personajes protagonistas sino también del gran ausente, al que llegamos a conocer de lleno, a ese hijo perdido. Toda su vida pasa por nuestros ojos, todas sus dificultades, sus alegrías y sus contradicciones, toda su humanidad (a través de los recuerdos, las fotografías, las imágenes de super 8, los testimonios de otros…). Y así queda dibujada la crueldad y la injusticia de cómo con el asunto de los niños robados se jugó con el destino y con la historia de un montón de personas a los que se les robó una posible vida que no pudieron protagonizar…

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