Ristra de estrenos veraniegos… y la cartelera ha sido algo descafeinada (seguro que me he perdido tesoros que no he podido abarcar). He visto bastantes películas pero ninguna redonda. He tenido que buscar las chispas. No he vibrado ante ninguna de las que he visto. Pero en todas…, algo se vislumbraba. Estas son las chispas. Animales de compañía que significan mucho más, familias desestructuradas que se estructuran, soledades, amores tardíos, segundas oportunidades, supervivencia, miedos profundos, muerte, luz al final del túnel, actores que iluminan o llenan la pantalla, directores que siguen su estela… Y de propina dos antecedentes.

Señor Manglehorn (Manglehorn, 2014) de David Gordon Green

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Del pasado de Gordon Green en la comedia norteamericana nada conozco pero, de pronto, sus dos últimas películas muestran unas facetas diferentes de un director que de pronto, con ese giro, llama entonces mi atención. En una se muestra amargo, violento y pesimista, la cara oscura y negra de Mud (se estrenó una después de la otra y además compartía joven protagonista, Tye Sheridan, revelación en El árbol de la vida). La película se tituló Joe, suponía una visión oscura del mundo rural norteamericano, golpeado por la crisis, y un buen regreso de Nicolas Cage como actor dramático. Y en la que reseño, la melancolía campa por cada fotograma. Al Pacino es el señor Manglehorn, un cerrajero solitario y ya mayor, que tiene un pasado lleno de oscuridades y que se agazapa en una obsesión (una mujer ausente) y en el cuidado de su gata (en el momento que le conocemos está muy enferma), y espera sin esperanza alguna su futuro próximo. Pero su gata enferma, una cajera del banco (que sigue luchando sin descanso por las segundas oportunidades) y el contacto con su familia más cercana (un hijo con el que tiene cero comunicación y una nieta)… irán poniendo leves chispas de luz en el camino hacia la vejez. Solo por ver las conversaciones y miradas entre Al Pacino y una delicada Holly Hunter merece la pena echarla un vistazo.

Ricki (Ricki and the Flash, 2015) de Jonathan Demme

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Hay directores que en su momento dan la campanada y luego su carrera cinematográfica es errática o confusa o juega a despistar. Se mira su filmografía y tienen rarezas, taquillazos, tropezones u obras anodinas. Digamos que algo así pasa con Jonathan Demme, su campanada fue El silencio de los corderos. Pero echando un vistazo a su filmografía es difícil encontrar un camino, una identidad, una autoría… Lo último que vi de este director no me gustó absolutamente nada, se trata de un remake de la extraña El mensajero del miedo de John Frankenheimer… pero en esta obra cinematográfica ya trabajaba con la que será la protagonista indiscutible de Ricki, Meryl Streep. Otro signo de autoría de Demme es su gusto por la música… rock and roll años 70… Y ya. Ricki es una comedia de familia desestructurada o disfuncional que a pesar de los pesares ante las dificultades se crece. Tenía elementos para ser interesante y no quedarse en el montón. La autoría o la firma la pone la guionista Diablo Cody que sabe crear personajes femeninos peculiares (como demuestra en una de las propinas que dejo, la Mavis Gary de Young adult) pero se queda en el camino. Streep se lo pasa estupendamente como rockera trasnochada y mayor con ideas republicanas, que prefirió volcarse en su música y su grupo, en vez de en su familia (cuando expone este dilema y cómo se la ha juzgado por ello, esto es lo más interesante de la película). Ahora vive de cajera y con actuaciones de su grupo en un bar, sale con el guitarrista de la banda y sigue con la máxima el espectáculo debe continuar. De pronto una llamada trastoca su vida: su exmarido reclama su ayuda pues su hija (que tiene el rostro de Mamie Gummer, hija en realidad de Streep), después de un divorcio traumático, está hundida en una depresión. Esta comedia familiar termina llena de lugares comunes y buenas intenciones… y cae en el saco del olvido.

La visita (The visit, 2015) de M. Night Shyamalan

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A M. Night Shyamalan le conocí como director y guionista en El sexto sentido y he sido más o menos fiel a su trayectoria. Me parece un director que sabe narrar cinematográficamente y que le encanta, en realidad, contar cuentos con componentes fantásticos. Le abandoné en sus dos últimos largometrajes que no llamaron mi atención: Airbender, el último guerrero y After Earth. Sí, sin embargo, había disfrutado (y también me había sentido atrapada) con El protegido, Señales, El bosque, La joven del agua y El incidente. A Shyamalan le ha perseguido desde El sexto sentido el sambenito de que busca (en su faceta de guionista) el giro de guion que cambia el punto de vista de la historia… y puede que sea una de sus características pero no la única para analizar su cine, que siempre me ha parecido bastante interesante. Vuelvo a repetir que me gusta su faceta de cuentacuentos visual. Así con La visita da un giro también a su carrera cinematográfica. Lo primero que ha conseguido es que interese de nuevo regresar al cine a ver una película suya. Lo segundo pone en pantalla un cuento cruel con reminiscencias a Hansel y Gretel. Lo tercero crea un cuento cruel y desagradable, no se esfuerza en absoluto por que caigan bien absolutamente ninguno de los personajes, ni los niños protagonistas ni los abuelos. Por supuesto hay giro de guion. No hay empatía alguna con los personajes y con eso logra que haya momentos incómodos y que se pasa realmente mal (vamos, que no te quedan ganas, por lo menos a Hildy, de volver a verla en mucho tiempo). De nuevo demuestra su sabiduría en el empleo de la narración cinematográfica, es decir, en la forma de contar sus historias. Esta vez opta por el punto de vista de los niños (sobre todo la niña que quiere se documentalista)…, todo lo vemos a través de los objetivos (de la cámara, del ordenador…) que utilizan los nietos (unos nietos que arrastran traumas familiares y su mirada no es cómoda en ningún momento)… y plantea así además todo un discurso cinematográfico (y también un debate sobre la ética en las imágenes o en las formas de rodar). Además Shyamalan se sirve de esa mirada infantil para dar un retrato estremecedor y desagradable de la vejez… Deanna Dunagan, impresionantemente terrorífica como abuela.

Ático sin ascensor (5 Flights Up, 2014) de Richard Loncraine

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Otro retrato más plácido y tranquilo de la vejez da el desconocido hasta ahora para mí Richard Loncraine. Ático sin ascensor es una película tranquila sin sobresaltos sobre un fin de semana decisivo en el matrimonio de dos personas ya mayores (Diane Keaton y Morgan Freeman que pasean su química y buen hacer por todo el metraje… y esa química es en gran parte el acierto de esta película que se ve con gusto y una sonrisa permanente en los labios). Viven en un ático sin ascensor y deciden que tal vez deben vender el hogar que encierra más de tres décadas de su vida para instalarse en un piso con ascensor. En ese fin de semana se concentra la jornada de puertas abiertas (es un día que establece la inmobiliaria en las casas que los dueños desean vender para que los futuros compradores vean los pisos, pregunten, prueben todo…, etcétera. Después comienza una puja de precios y estrés hasta que se decide la mejor oferta), la perrita de la pareja se pone muy enferma (otra mascota decisiva en una película), un incidente en el puente de Brooklyn que enciende las alarmas sociales y políticas (manipulación de los medios de comunicación, el empleo del miedo y del terror hacia la persona sospechosa, terrorismo, diferencias sociales, racismo… y que afecta al sector inmobiliario)… Todo esto hace que la pareja dé rienda suelta a sus recuerdos del pasado, a su vida en común y a los motivos por los que deciden abandonar un hogar que sienten de manera muy honda, que forma parte de sus vidas… Una película agradable y sin sobresaltos.

Ma ma (Ma ma, 2015) de Julio Medem

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Julio Medem nunca me ha entusiasmado porque no conecto con esa parte mística-poética que siempre imprime a sus películas. Me funcionó en Vacas pero ya me fue chirriando en sus demás largometrajes. No logro conectar con su universo especial. Sin embargo reconozco que me atrapa su belleza visual… pero a veces me carga tanto que me aleja de la pantalla y Caótica Ana… fue un momento culminante pues me separó como nunca de la mirada del director. Reconozco sin embargo que me había vuelto a atrapar a través del documental La pelota vasca, la piel contra la piedra, pues me ofreció una visión interesante sobre el conflicto vasco. Así Ma ma es una película terrenal a la que, de nuevo, lastra su parte mística-poética con gotas de libro de autoayuda. Medem, junto a Kiko de la Rica, crea imágenes bellísimas y cuenta además con un personaje luminoso, una Magda magníficamente interpretada por Penélope Cruz (los mejores momentos son para ella). Pero por el camino hay un ginecólogo cantante, el fantasma de una niña rusa y algún momento de comunión y amor (todos los hombres son una especie de ángeles que ponen fácil el camino de Magda hacia la muerte. El ginecólogo, el exmarido, la nueva pareja, el hijo adolescente…, hay alguna dificultad pero siempre está el amor y el perdón)… que me alejaron total y emocionalmente de un tema que me interesa cómo se refleja en el cine, cómo aceptar una enfermedad terminal, la muerte y cómo despedirse de los seres queridos. Medem quiere hacer un canto a la vida… y en esa poesía, desciende.

Everest (Everest, 2015) de Baltasar Kormákur

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Película espectáculo con una buena historia, con una galería de actores interesante, con parajes espectaculares, con dosis de emoción y aventura… convertida en una película rutinaria y mal contada. Aun así logra entretener. Se salva porque la historia es tan potente que aunque esté mal contada resurgen chispas. Hay personajes esbozados (y buenos intérpretes), relaciones que se intuyen y asuntos interesantes y espinosos que se vislumbran aunque no se desarrollen (cómo la ascensión al Everest se convirtió en una estación de metro y en un negocio, cómo la mala organización y el exceso de compañías que organizaban expediciones aumentaron el caos…, etcétera). Yo salí del cine con pena porque pienso que podría haber sido una buena película sobre montañismo, aventura y emoción y se queda en el camino. Te hace leer más sobre la historia real, te deja con hambre de saber qué ocurrió y te estremece… y piensas en cómo podría haber sido esta película bien narrada cinematográficamente. Personajes y relaciones mal esbozadas…, se quedan a medio camino rostros como el de Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Emily Watson, Sam Worthington… y un larguísimo etcétera. Y es tan potente y tan impresionante la historia real que a pesar de su pobre realización, logra que el espectador lo pase mal ante ciertas situaciones, le atraigan personajes intuidos (que de pronto aparecen o desaparecen) y se emocione ante la soledad de la montaña, la supervivencia o la muerte…

Las propinas

Esperanza y gloria (Hope and Glory, 1987) de John Boorman

La mirada infantil transforma las historias (así lo hemos visto en La visita pero también en otras impresionantes y grandes películas como El otro, Viento en las velas o en otra película que se estrenó en el mismo año de Esperanza y gloria y centrada en el mismo periodo, El imperio del sol, que hace poco reseñé) y puede proporcionar un halo especial y extraño. Así ocurre con esta peculiar película de un director que le acompaña el mismo adjetivo, John Boorman (no olvidemos que es el realizador de películas tan interesantes como A quemarropa, Defensa o Excalibur). Boorman cuando encuentra la mirada o el punto de vista adecuado, logra sus obras cinematográficas más interesantes. El motivo de esta propina es que nunca había visto esta película y cuando me enteré de que estrenaban Reina y patria (todavía en cartelera aunque aún no la he visto), del mismo director, y que seguía recogiendo los recuerdos de Boorman, decidí que era hora de verla. Así Esperanza y gloria recoge los recuerdos de un niño londinense, su familia y los vecinos de su barrio durante la segunda guerra mundial. Como todo lo vemos desde su mirada, nos devuelve un mundo tragicómico, que a veces resulta extraño para el espectador. El protagonista mira el mundo adulto sin entenderlo con gotas de esperpento (de deformación de la realidad con aires de vodevil o de opereta), la violencia y el horror desde algo ajeno, lejano incluso fantasmagórico (no cree que le vaya a alcanzar la muerte), la desolación y la destrucción del barrio le abre un mundo desconocido, de aventura, miedo y peligro. La película tiene dos partes, una transcurre en un barrio londinense que está siendo bombardeado y otro en un lugar prácticamente idílico, donde se refugian, que es la casa de los abuelos al lado del río (que son partes hermosas y bucólicas como si nos adentráramos en pinturas impresionistas y en el objetivo de la cámara de Jean Renoir).

Young adult (Young adult, 2011) de Jason Reitman

No sé si me convence la guionista Diablo Cody (que ya había colaborado con Reitman en la para mí demasiado aclamada, Juno). Reconozco que construye buenos personajes femeninos, interesantes, aunque comparta poco con ellas. Hasta ahora el trabajo como guionista que más me ha gustado y sorprendido de Cody (decepcionándome bastante en su último largometraje como guionista, Ricki) ha sido Young adult con una magnífica Charlize Theron como Mavis Gary. Young adult es una película muy triste y amarga con personaje patético (y compañía). Y es tal su patetismo, que llegas a comprenderla y compadecerla, aunque hay muchos motivos para no desear estar a su lado. Young adult cuenta la vuelta de Mavis a su pueblo natal en un momento de crisis vital. La película se aleja de los tópicos tanto en el personaje como en la catarsis que vive durante el regreso. Y todo está rodado por Reitman con dosis de melancolía y tempo lento. Pero en los diálogos, personajes y situaciones no falta la mala baba… que hace no caer en ningún momento en el tópico la travesía vital del personaje principal. Mavis decide, al recibir un mail colectivo que anuncia el nacimiento del bebé, volver a conquistar a su exnovio de instituto, sacarle de su “odiado” pueblo natal del que siempre ha huido. Ella trata de regresar como lo que siempre quiso ser, una triunfadora en la ciudad, distinta, y con una vida alejada de la mediocridad. Pero nada es lo que parece. Y la catarsis del personaje será demoledor… para volver vencida a su misma caótica vida (pero mirándose por primera vez en el espejo, un espejo real). Y la persona a la que más logra acercarse en su vuelta al pueblo natal y con la que se siente más auténtica es con un antiguo excompañero de instituto (objeto de burlas y de violencia continua en aquellos años… y, por favor, no perderse a la hermana, otro personaje estremecedor y que cuando la protagonista está más hundida le hace una triste pero consoladora revelación para ella), que siente la misma apatía, desencanto, desprecio, soledad, falta de felicidad y odio por el mundo que le rodea pero bastante más realista que la perdida Mavis.

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