Gloria

… Y entonces Rodolfo lee a Gloria un poema: “Me gustaría ser un nido si fueras un pájaro / me gustaría ser una bufanda si fueras un cuello y tuvieras frío / si fueras música yo sería un oído / si fueras agua yo sería un vaso / si fueras luz yo sería un ojo / si fueras pie yo sería un calcetín / si fueras el mar yo sería una playa / y si fueras todavía el mar yo sería un pez / y nadaría por ti / y si fueras el mar yo sería sal / y si yo fuera sal / tú serías una lechuga / una palta o al menos un huevo frito / y si tú fueras un huevo frito / yo sería un pedazo de pan / y si yo fuera un pedazo de pan / tú serías mantequilla o mermelada / y si tú fueras mermelada / yo sería el durazno de la mermelada / y si yo fuera un durazno / tú serías un árbol / y si tú fueras un árbol / yo sería tu savia y correría / por los brazos como sangre / y si yo fuera sangre / viviría en tu corazón”. Y estos versos son de Claudio Bertoni, un artista chileno. Todos los versos forman “Poema para una joven amiga que intentó quitarse la vida”. Pero no hay poema más vital que este. Rodolfo tiene 65 años y ganas de huir de su rutina familiar en la que se siente encerrado pero también acomodado y dependiente. De pronto ve una posibilidad de huida o escape con Gloria. Ella tiene 58 años y pocas ganas de rendirse. Gloria no quiere bajar el telón. Digamos que le pasa lo mismo que a otro personaje de ficción, Evelyn, que tan bien se expresa en Tomates verdes fritos: “Soy demasiado joven para ser vieja y demasiado vieja para ser joven”.

Y es que Gloria no es una comedia sino que vuela sobre ella la sombra de la melancolía y la tristeza. La soledad, la incomunicación. Segundas oportunidades en el amor (y en la vida) que terminan sin poesía. Realidades que golpean. Al final, sin embargo, queda una pista de baile, una canción y poder bailar sin parar. Sin pensar. Como si no hubiera un mañana o como si estuviera esperando siempre un nuevo día. Suena Gloria de Umberto Tozzi. Así Gloria, la protagonista de esta película, es otra Cabiria más (pero con vida menos trágica y dura, más cotidiana y rutinaria)… una de esas mujeres que tratan de convertir sus vidas tristes en poesía. Que las tiran al suelo… y ellas, una noche más, vuelven a levantarse… y lo que es más importante con una sonrisa, aunque sea con unas gotas de tristeza y amargura.

El director (y también coguionista) chileno Sebastián Lelio construye una tragicomedia con un personaje al que nombra una y otra vez y que además brilla. Para ello se sirve de una actriz que se transforma y transmite cada uno de sus sentimientos y emociones. Gloria tiene el rostro con gafas de Paulina García… y apetece acompañarla en esa montaña rusa en la que se encuentra su vida…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.