othello

Con Otelo de Orson Welles se puede analizar la tragedia de su obra creativa, su pasión por William Shakespeare y la doble temática de muchas de sus películas: el poder y la traición. Ya no era aquel joven prodigio que entró en Hollywood con todos los medios del mundo a su alcance y una libertad creativa difícil de conseguir en el sistema de estudios…, y que le permitió realizar Ciudadano Kane, sino que tuvo que pasar carros y carretas para poder terminar sus proyectos y casi nunca tal y como él quiso. Para finalizar Otelo tuvo que pasar por mil obstáculos además de poner también sus recursos económicos (aquellos que consiguió interpretando papeles que a veces ni le iban ni le venían). El proyecto cinematográfico empezó en 1949 y no pudo estrenarse hasta 1952… entremedias productores en bancarrota, cambios de actores, diferentes escenarios y países para terminar el rodaje, ropas que no llegan, pocos medios… Y como en otras ocasiones, es difícil saber cuál es la copia que circula que realmente quería Orson Welles. Aunque existe un documental en los años setenta donde el propio director explica la odisea del rodaje y qué es lo que pretendía.

Otelo, su primera película fuera de EEUU, es una obra irregular con gotas de genialidad donde se puede ver su uso del lenguaje cinematográfico, su mirada especial y estilo barroco que le permite solventar muchos obstáculos y su arte ante la moviola… Adapta una obra de teatro potente como Otelo, de su admirado William Shakespeare, atrapa su esencia o alma y la vuelca en imágenes, en cine. Así convierte Otelo en una película circular, empieza con una secuencia impresionante donde vemos el entierro de tres personajes. Dos de ellos reconocemos que son Desdémona y Otelo y una tercera tumba cerrada (sabremos más tarde a quién pertenece). De pronto la cámara se detiene en un personaje que es encadenado, arrastrado y subido a una jaula a pleno y que se convierte en observador, es Yago. ¿Cómo se ha llegado a esa situación? Empieza la tragedia y los títulos de crédito. La película terminará de nuevo con la comitiva que lleva las tumbas…

Además realiza un uso excepcional de los primeros planos de los personajes de Otelo, Desdémona, Cassio o el propio Yago. Se intercalan muchos planos cortos, contraplanos y contrapicados que, sin embargo, dan continuidad a la obra cinematográfica y soluciona los problemas de cambio de escenarios y países. O coloca la cámara en lugares insospechados dejando visiones complejas, barrocas, a veces para crear un efecto de cámara subjetiva y otro para crear un efecto que se queda en la retina. Para solucionar problemas básicos, crea secuencias memorables como la del intento de asesinato de Cassio. El equipo se encontró sin vestuario. Así que crearon una especie de baños turcos, creando un largo pasillo asfixiante (y con ese uso tan característico, casi firma del Welles, de la profundidad de campo) y todos los extras y actores, menos el traidor Yago, van tan solo con una toalla. También juega con la luz, con las sombras y el blanco y negro. Por otra parte cuenta con el trabajo de Alexandre Trauner, director artístico, para sacar provecho de las distintas localizaciones y los avatares del viaje. La película transcurre entre Venecia y Chipre… y el rodaje estuvo en Venecia, Roma, Marruecos… Así se aprovechan aposentos con altas paredes, arcos que crean efectos visuales asombrosos, diáfanas habitaciones austeras… De esta manera es impresionante el uso de los espacios, las sombras, la luz (esas velas que se apagan), los primeros planos y los contrapicados en la secuencia de la muerte de Desdémona, primero, y después de Otelo.

Orson Welles se queda con el papel de Otelo, con su voz inconfundible y carisma, y deja a un héroe trágico preparado para la guerra y la honestidad pero no para un mundo de emociones y para vivir en sociedad con todas sus trampas, rumores, juegos y traiciones. Con un físico imponente y un alma frágil que se fractura, ama de manera intensa y apasionada pero esa pasión es la que le lleva también a dejarse arrastrar por la duda que le despierta Yago. Otelo es destruido y destruye por la traición. Orson Welles logra imprimir en sus escenas con Desdémona (Suzanne Cloutier) una sensualidad que queda atrapada en la pantalla. Y también inquietud en la manera que tiene siempre de presentar a Yago (Micheál MacLiammóir) y cómo va enredando a otros personajes (a su propia esposa, a Rodrigo, a Cassio y al propio Otelo).

La irregularidad es obvia… porque Welles, aunque sale airoso y hace puro cine de los obstáculos, hubiera realizado su Otelo (y creo que impresionante…, porque esta versión ya tiene puntos y claves geniales) si hubiera contado con los medios adecuados y sin tantos problemas, sin tanto cambio de actores o con un rodaje tan extenso en el tiempo. Es un Otelo de supervivencia que muestra su genialidad pero también sus carencias y obstáculos. Es como si nos hubiese ofrecido la piedra preciosa sin pulir ni cuidar, con su belleza natural.

Por último, Otelo, junto a Macbeth y Campanadas a medianoche (fusión de varias obras y canto de amor a Falsaff) conformaría la trilogía cinematográfica shakesperiana de Orson Welles. El director sentía un profundo respeto y amor por el dramaturgo y se sentía identificado con aquellas obras que trataban el tema del poder y la traición. Su propia vida la rodeó de un halo trágico con gotas de Shakespeare. Sabía lo que era el poder, conocía lo que era la traición. Así en el repertorio de Mercury Theatre se recuerdan todavía sus montajes de Macbeth, con actores negros, o Julio Cesar, con los actores uniformados recordando a los fascistas italianos o a los nazis. Otra de sus obras favoritas (y también personaje) fue El rey Lear, sin duda le hubiese gustado crear su propia versión cinematográfica, uno de esos tantos proyectos que siempre tenía en su cabeza, en sus papeles y manuscritos hasta el último de sus días…

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