No llego a entender o dilucidar muy bien por qué se armó el revuelo que se armó con La última seducción (1994) y el personaje de Bridget Gregory (Linda Florentino). Se habló de la fuerza del regreso del cine negro (neo noir) y de una representación nueva de la femme fatale, que sale victoriosa… Una femme fatale timadora, amiga únicamente del dinero. Y no lo entiendo cuando tiene dos ilustres antecedentes muy cercanos en el tiempo. Dos timadoras tan buenas y tan femme fatales como Bridget, que aparecieron en dos buenas películas que ya son vistas como clásicos modernos. Ellas son Matty Walker (Kathaleen Turner) y Lilly Dillon (Angelica Huston).

Fuego en el cuerpo (Body Heat, 1981) de Lawrence Kasdan

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El debut tras la cámara de Lawrence Kasdan fue con una película que retomaba las claves del buen cine negro con la femme fatale de protagonista. Así revisitaba uno de los temas claves de los grandes clásicos del género: la mujer fatal que convence al amante cegado de pasión por ella de asesinar a un tercero, normalmente un marido más anciano y rico, muy rico. Ese asesinato se convierte en un seguro para una vida próspera de dinero y riqueza. Mientras el hombre lo hace arrastrado por el amor y la pasión, ella se muestra siempre más fría, calculadora y práctica (quiere asegurar su futuro) y para ello se sirve de un instrumento, el amante. Kasdan jugaba con dos claves para crear la atmósfera sensual, el calor y el sudor de los cuerpos, envuelto en una música sugerente de John Barry. Atmósfera sensual que se convierte en cárcel eterna para la víctima: un abogado de poca monta con el rostro de William Hurt.

Así Kasdan (también guionista) con Matty Walker crea el antecedente de la mujer fatal y timadora victoriosa. El director y guionista sigue el esquema de grandes clásicos como El cartero siempre llama dos veces y Perdición. Así crea a dos personajes atractivos: el perdedor que lleva su sino fatal en el rostro desde que comienza la historia y la femme fatale como mantis religiosa que envuelve al amante hacia la perdición. El giro y evolución del género que se produce en Fuego en el cuerpo (y posteriormente en La última seducción) es que la femme fatale no es arrastrada por el destino trágico sino que es una mujer que triunfa a pesar del ‘pecado’ y no tiene mala conciencia alguna. Era timadora y reina del juego… y ha jugado bien la partida, ha ganado.

Los timadores (The grifters, 1990) de Stephen Frears

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El director británico, en su aventura americana, da un giro más en el neo noir de Los timadores. Crea a una femme fatale victoriosa que no sólo arrastra a la perdición a un perdedor (que además es su propio hijo) sino que vence a otra femme fatale con sus mismas intenciones. Se crea una lucha a tres bandas… a muerte y con aires de tragedia griega. Aquí la femme fatale, Lilly, es además una mujer que se deja arrastrar por un fuerte instinto de supervivencia que arrasa con todo.

El realizador Stephen Frears, que adapta a Jim Thompson, juega con un trío de timadores profesionales. Un joven ambicioso pero con un halo de perdedor en la mirada que va sobreviviendo con pequeños timos y siempre actúa en solitario, su madre —timadora profesional y superviviente— que trabaja para un peligroso mafioso y la novia del hijo, otra timadora profesional de altos vuelos que vivió tiempos de gloria con un compañero sentimental con tan pocos escrúpulos como ella (y envuelto en la locura). Así crea una compleja red de relaciones entre los tres que los lleva a la perdición, la violencia y a la tragedia griega (donde aparece la fatalidad, el destino escrito) donde tan solo puede haber un superviviente: la femme fatale victoriosa… pero con el drama de saberse superviviente, femme fatale y con imposibilidad de redención arrastrando en su furia incluso lo que más ama… Lilly con el fuerte rostro de Angelica Huston deja otra femme fatale icónica, de cuerpo escultural, rubia platino y personalidad arrolladora que no se deja aplastar por una posible discípula aventajada (Annette Bening).

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