Fran Kubelik

Fran Kubelik, una sonrisa y una flor.

Feliz Navidad, felices fiestas. Y no podía faltar un regalo en este rincón cinéfilo. Imaginemos un edificio alto, muy alto…, quizá ni siquiera divisemos los pisos que tiene. Hay muchos ascensores… y en uno de ellos está Fran Kubelik. Mucha gente se fija en ella sobre todo por una razón: se distingue de los demás trabajadores porque en su uniforme siempre lleva una flor. Pero además de esa flor, otras cualidades hacen que todos deseemos ir a su ascensor: tiene una sonrisa sincera, no le cuesta ser amable, escucha con agrado tu conversación y no falta la palabra necesaria o certera que sale de su boca… Subir con ella es un rato agradable asegurado… hasta llegar al piso deseado. Además su ascensor es especial. En cada piso que para se cumple un deseo. Da igual el número que pulse, que suba o que baje… Siempre te deja en un buen sitio.

Yo conozco bien a Fran. Subo o bajo muchas veces en su ascensor y nos hemos hecho viejas amigas. Así que no faltan confidencias. Y bajo su alegría, amabilidad y espontaneidad, esconde también un espejo roto. Sí, es una mujer fuerte, pero a veces es consciente de su fragilidad o de que puede romperse o la pueden romper… Pero una vez que pasa esos días rojos (como los de mi buena amiga Holly Golightly), vuelve a ser la misma de siempre. Y la flor otra vez colocada en el ojal de su chaqueta.

Así que sube con nosotras, con Fran y conmigo, Hildy Johnson, en el ascensor. En cada parada te espera un deseo.

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