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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Me gusta meterme en un cine, que se apaguen las luces de la sala, que empiece una película y que de pronto olvide donde estoy porque me meto de lleno en una historia que me hace olvidar durante un tiempo todo lo relacionado con mi vida. Y si esa historia está bien contada y me emociona, entonces a veces no puedo evitar, cuando recuerdo, incluso llorar un poco (Hildy está hoy un poco emotiva).

No puedo evitar que me encante que me cuenten bien una historia. Y esta vez John Madden, al que sólo recuerdo por Shakespeare in love (y me considero una de las fans de esta película… aunque poco a poco le salieron muchos detractores), sigue ejerciendo de buen artesano que puede manejar bien un material de base apetecible.

Esta vez para La deuda parte de otra película, ésta que nos ocupa sería el remake. El origen es una película israelí (Ha-Hov de Assaf Bernstein, 2007). El resultado es un thriller político-romántico con dosis de emoción y adrenalina. Un thriller que pone a sus tres personajes ante un dilema moral y lo que implica e influye en sus vidas. Para ello la película avanza hacia delante y hacia atrás. Dos tiempos. 1965 y 1997. Un hecho del pasado incide en el presente meláncolico de los personajes.

Los tres jóvenes, en 1965, son agentes del Mossad en una misión. Dos hombres y una mujer. Y esa misión es capturar en un Berlín de la Guerra Fría a un criminal de guerra nazi que ejerce en esos momentos como ginecólogo pero que en Birkenau se dedicó a los más horribles experimentos con seres humanos. Una vez detenido su objetivo es entregarlo para que salga de Berlín y llevarle a Israel para que se siente frente un tribunal internacional de justicia. La ‘entrega’ no sale como ellos esperan. Y entonces todo cambia en sus vidas.

La deuda construye un hermoso triángulo amoroso que nos engancha obviamente a la historia de amor imposible entre un joven y atormentado David (Sam Worthington, acertadísimo en su plasmación de héroe romántico) y Rachel (la ahora cotizada Jessica Chastain… a la espera de El árbol de la vida), mujer que mezcla sensibilidad y fuerza además de un arraigado sentido de culpa. Por el camino se les cruza el ambicioso y hombre de acción Stephan (Marton Csokas).

Toda la historia que recrea el año 1965 a partir de los recuerdos ‘atormentados’ de Rachel engancha…, emociona. Además de contar con un ritmo adecuado y con suficientes dosis de adrenalina. Lo mejor es la relación y los cara a cara entre los jóvenes agentes judíos y el criminal de guerra (un magnífico y escalofriante Jesper Christensen, actor danés), perro viejo que pronto les maneja, les manipula y les toca donde más les duele, los provoca y los cala a los tres (así como la historia que están viviendo)…

La historia presente, la de 1997, esconde frialdad, desencanto y melancolía por parte de los tres protagonistas que han roto sus lazos afectivos… pero que están unidos por una ‘deuda’ que ha marcado sus vidas. Y treinta años después les golpea de nuevo siendo Rachel (como siempre una Helen Mirren que haga lo que haga se siente a gusto), la única que puede poner una rúbrica final que cierra el relato, digo sus vidas. Y sin duda quien te rompe el corazón, el más frágil pero a la vez coherente, será David (Ciarán Hinds) y por supuesto que te das cuenta de que no te sorprende el camino que se ha trazado Stephan (el siempre efectivo Tom Wilkinson). Y ese relato frío también tiene sus momentos de tensión, algunos piensan que es la parte más inverosímil, pero digamos que cumple la función de rubricar, de poner punto final a una historia que hiere a los tres protagonistas (y como los tres se han enfrentado a esa herida de diferente manera).

El horror de una guerra sigue años después destrozando vidas. Dejando huellas… difíciles o casi imposibles de borrar.

Así La deuda se convierte en un thriller apasionante que atrapa y que deja testimonio de hombres que se transformaron en monstruos y seres humanos que se equivocan pero tratan de mirar de frente a la verdad y no dejar impunes los crímenes contra la humanidad…, así sigue la estela escalofriante de obras cinematográficas como Marathon Man o La caja de Música.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Siempre cine

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Siempre cine.

Por la noche, por la tarde, por la mañana.

En soledad.

En compañía.

Siempre cine.

Una sala oscura y cientos de butacas.

Un salón y una pantalla.

Un ritual.

Silencio.

Se apagan las luces.

Se abre el telón.

Y aparece una historia en miles de fotogramas.

Momento mágico.

Irrepetible.

Siempre cine.

Cuando estás triste.

Cuando estás alegre.

Cuando lloras.

Cuando ríes.

Cuando piensas.

La luz se apaga.

Y las horas que transcurren frente a la pantalla… pasan como el viento.

Y de pronto has sido feliz

Y de pronto has sufrido.

Y de pronto has descubierto.

Y de pronto has pensado.

Siempre cine.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Hay libros que no pierden frescura. Y uno de ellos es Lulú en Hollywood. Lo tengo desde hace tiempo y me apetecía volverlo a leer… y de nuevo me ha parecido fascinante. Interesante por la autora. Interesante por lo que cuenta. Interesante por cómo lo escribe.

Louise Brooks fue una estrella efímera, porque ella lo quiso y también por las circunstancias, durante el periodo del cine silente. En aquellos locos años veinte, la Brooks fue una actriz, con filmografía actualmente de difícil acceso, que ha pasado a la memoria cinéfila no por sus películas estadounidenses sino por dos obras que realizó en Alemania casi ya a las puertas del cine sonoro con el director G. W. Pabst.

Ella fue la protagonista total y absoluta de La caja de Pandora y de Tres páginas de un diario. Películas que en su momento pasaron sin pena ni gloria. Incluso la Brooks no recibió muy buenas críticas. Fue con el paso de los años y con las nuevas miradas que disfrutaron de estas obras cuando Louise Brooks, retirada de Hollywood que ella desterró y que también hay que decirlo fue desterrada, alcanzó el estatus de actriz mítica y maldita.

Así el libro recoge una serie de artículos-ensayos que recogen su testimonio vivo y lleno de auténtica sinceridad y verdad sobre aquellos locos años veinte en Hollywood. Un Hollywood silente alejado del que ha llegado a nuestros días, un Hollywood oscuro y duro pero también lleno de chispa y de personajes insospechados donde la Brooks se paseaba con mirada limpia, crítica y sincera.

Pasear por las páginas de este libro supone encontrarse en la mansión desenfada de los Bennett (donde las hermanas Constante y Joan harían historia en el cine… La Brooks era amiga de la tercera en cuestión y más desconocida, Barbara) o encontrarse en la mesa de un Leslie Howard apasionante (y ahora tan olvidado… es casi un personaje de película…, aquí sólo hay un apunte). Imaginar cómo era el mundo de lujo y barro del señor Kane (digo Hearst) y su amante Marion Davis así como todos los que pululaban alrededor. Un duro mundo de apariencias donde jóvenes conocidas de Brooks encontraron sólo soledad, dependencias y muerte. También encontrarse de frente con actores dando sus primeros pasos y cómo la industria hollywoodiense los transformó: Bogart y W. C. Fields… la Brooks deja dos retratos muy diferentes de los que estamos acostumbrados.

Con mirada sincera y amena nos cuenta los rodajes en aquellos años junto a los compañeros de reparto o los directores. Analiza su experiencia tanto en Hollywood (Mendigos de vida) como en Alemania (La caja de Pandora). Ya habla de los contratos que esclavizaban a los actores y actrices en las productoras y cómo dirigían sus vidas o manejaban lo que se debía saber de sus vidas. De cómo la industria igual que te ensalzaba te podía retirar de los focos al momento. Así cuenta la entrada gloriosa de un nuevo prototipo de mujer, la Garbo, y la muerte repentina de otra estrella del duro star system, la famosísima Lilian Gish.

Y todo a través de la pluma ágil y desnuda de la Brooks que habla sin rubor y sí con sencilla inteligencia de sus experiencias y escarceos. De su propia subida al Olimpo y caída. De sus relaciones con otros profesionales del medio, con amigas, amigos, enemigos y enemigas…También ofrece un retrato de la vida en los espectáculos de variedades donde ella era bailarina que subió a los escenarios como chica del Ziegfeld Follies en Broadway. Y muestra como miraba y miraba y sobre todo cómo no se tomaba ella misma demasiado en serio lo que la convirtió en prototipo de mujer rebelde. Y ahora viendo sus imágenes, de mujer moderna de los veinte pero también del siglo XXI. Con su pelo a lo garcon, su mirada limpia, transparente e inteligente y su pluma veloz.

Lulú en Hollywood es todo un deleite y una fuente de conocimientos para conocer ese otro Hollywood también apasionante. Sin luces de neón. Oscuro pero también lleno de destellos y talentos. Con muchas historias, algunas tristes, otras divertidas y con mucha, mucha chispa…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Bruja: dicen que las brujas eran mujeres a las que se les atribuía poderes extraordinarios. Mujeres que históricamente estaban relacionadas con la superstición, mujeres que fueron perseguidas y quemadas en los fuegos de la inquisión porque sus poderes eran considerados malignos.

Las brujas también son personajes de origen mítico que aparecen en los cuentos infantiles o en leyendas antiguas. Hay incluso un imaginario sobre cómo es una bruja. Una mujer fea y malvada con poderes mágicos que puede volar montada normalmente en una escoba. Pero este imaginario ha evolucionado y también las brujas pueden ser hermosas…

En el cine la bruja también ha sido personaje imprescindible de mil y una historias. Nuestro recorrido empieza con la bruja malvada del Este que es la pesadilla de Dorothy en El mago de Oz. Una bruja totalmente de cuento con verruga incluida y el rostro de Margaret Hamilton…, Judy Garland también se encontraba con una bruja buena y bella, la del Norte, con el rostro de Billie Burke.

Otra de cuento y recordada con cariño es, sin duda, La bruja novata. Aventura Disney divertida y tierna donde una impagable Angela Lansbury es una aprendiz de bruja con escoba y conjuros incluidos. Y si no nos ponemos puristas ¿quién Mary Poppins sino una bruja buena y moderna? Disney siempre fue magnánimo con las brujas y nos presentó personajes inolvidables pero quien gana la partida es la bruja de Blancanieves. Porque es bella y horrible a la vez. Y su transformación, terrorífica. Nadie olvida esa hermosa madrasta (vamos, ni comparación con la sosilla de Blancanieves) delante del espejo en todo su esplendor y cómo se convierte en una mujer anciana, de negro, con rostro tremendo y manzana traidora…

Pero dentro de la evolución de las brujas, ahí nos encontramos a las rubias más hermosas convirtiéndose en mujeres modernas… pero brujas, brujas, brujas… que son capaces de enamorar locamente a hombres que suspiran por ellas y que están dispuestos a vivir para siempre al lado de mujer tan especial. Así primero fue Veronica Lake fue esa bruja que trata de hacer la vida imposible a Fedric March pero tiene un corazón que no le cabe en el pecho en Me casé con una bruja de René Clair. Años más tarde fue Kim Novak quien enamora a James Stewart como una moderna bruja de los años cincuenta en Me enamoré de una bruja. Y siguiendo con la estela de amables brujas…, no podemos olvidar la popularidad que adquirió la serie Embrujada (años sesenta) que hace poco tuvo un remake prescindible con una Nicole Kidman de ama de casa que trata de disimular sus megapoderes a su normal marido. También fueron mujeres ‘normales’ que de pronto son conscientes de sus poderes sobrenaturales Cher, Michelle Pfeiffer y Susan Sarandon en la taquillera Las brujas de Eastwick.

Ahora toca el turno a otro tipo de brujas. A todas esas mujeres que fueron condenadas a la hoguera por múltiples causas por la Inquisición y por la intransigencia de todo un pueblo. No gustaban las mujeres que se salieran del guión establecido y algunas sufrieron las consecuencias más horribles. Así recordamos películas más oscuras como El Crisol que adapta una de las obras más populares de Arthur Miller sobre unas jóvenes condenadas por Brujas en la comunidad de Salem o la joven y mísera campesina a la que en un ambiente de erotismo oscuro es condenada en la hoguera por bruja en El nombre de la Rosa.

Hubo directores que indagaron en la brujería femenina como Carl Theodor Dreyer que bien nos presenta mítica película de bruja vampira en película de culto, Vampyr o que analiza el mundo de la condena por brujería en Dies Irae.

El mundo oculto de las brujas de cuento o más reales es infinito en metros de celuloide…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Holly Golightly tiene un día rojo.

Ni Paul Varjak la consuela.

Un gato sin nombre pasea bajo la lluvia.

Holly ya no encuentra calma en Tiffannys.

Los días de vino y rosas han terminado.

El inspector Clouseau se ha quedado huérfano con su despiste y ya nadie puede ir tras el rastro de la pantera rosa.

En la carrera del siglo ya no hay rivalidades entre coches de principios del siglo XX ni llegadas locas a la meta.

En el guateque ya nadie baila. Y Hrundi V. Bakshi vuelve a tocar la trompeta… que se queda sin sonido. Una trompeta sorda. El disparate ya no tiene sitio.

Se acabó el espectáculo de Darling Lili y ya nadie sabe si es Víctor o Victoria.

La mujer perfecta se ha desvanecido.

Ya no ocurren citas a ciegas.

No hay rubias dudosas.

… Se terminó la locura.

Blake Edwards ha muerto.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Otra obra de mi amado Scorsese. After Hours es una especie de pesadilla nocturna con tintes de comedia negra sobre un pobre tipo, un procesador de textos, de vida gris, solitaria y aburrida en la gran ciudad de New York. Un tipo solitario que una noche más le esperan unas horas grises en la más absoluta soledad enterrado en las cuatro paredes de su casa o como mucho tomando tranquilamente un café en un local mientras lee, de nuevo (aunque no es habitual en él) su libro favorito de Henry Miller, un tipo que sí que vive emociones intensas.

De pronto se cruza en un camino una rubia dulce que le deja un teléfono. El gris oficinista piensa que esa noche toca aventura, llama en la soledad de su casa y tiene una cita. La noche promete. Lo que no sabe es que empieza una pesadilla sin fin que no entra dentro de los dictados lógicos de su ordenado mundo. Una noche surrealista y kafkiana donde el protagonista se ve atrapado en medio del SoHo lleno de personajes estrafalarios y sin posibilidades de volver a su dulce hogar. Una noche donde temerá perder la cabeza, el orden de su vida gris y la propia vida. Una noche llena de intensas emociones pero donde el personaje sólo ansía volver de nuevo al mundo que conoce y en el que se siente seguro porque conoce los códigos. Lo que empieza como una aventura termina como una horrible odisea existencial donde el héroe tiene que superar obstáculos inimaginables y donde las casualidades le persiguen en un laberinto sin fondo.

Así como si se tratara del reverso tenebroso de El mago de Oz o de Alicia en el País de las Maravillas (bueno cuentos ya de por sí bastante oscuros), el oficinista gris se siente atrapado en un mundo poblado por la locura pero vivo, muy vivo, donde emprende una carrera continúa para despertar…

Paul Hackett, que así se llama nuestro protagonista, corre tras una rubia con desequilibrios mentales, una escultora sadomasoquista, una camarera aburrida y cansada de su trabajo con facultades para la pintura, el dueño de un bar que encadena desgracia tras desgracia, una vendedora de helados con ansias asesinas, unos vecinos con sed de venganza, dos ladrones chapuceros, un taxista veloz, un local punk de música estridente, una mujer solitaria, un tímido gay…y corre por esquinas solitarias y nocturnas esquinas, por locales siniestros abiertos hasta el amanecer, por las casas de sus nuevos conocidos (extrañas pero con personalidad)… donde Paul se mira en los espejos de los cuartos de baño donde se muestra su extrañeza y cansancio o donde llama desesperado para encontrar un modo de la vuelta a casa. Es una noche de lluvia intensa… donde tan sólo irá con 97 centavos en el bolsillo.

De esta manera Scorsese pone a disposición del espectador todo un mundo nocturno, un New York oculto que vive agazapado y gotas continuas de humor negro donde vivimos extrañados la extrañeza que siente Paul ante una noche inesperada… todo bien condimentado con una buena banda sonora y un uso mágico (como acostumbra Scorsese) del lenguaje cinematográfico a través de los movimientos de cámara, de los puntos de vista, de su mirada y de su amado montaje (con su colaboradora de oro por los siglos de los siglos, Thelma Schoonmaker).

Dicen en un documental explicativo que lo que más les costó encontrar fue un buen final (y vaya si lo encuentran) y después de romperse la cabeza y preguntar opiniones por doquier… la solución más sencilla se la dio a Scorsese uno de sus directores amados Michael Powell (también director de maravillosos mundo oníricos junto a su compañero Pressburger).

Oportunidad además para disfrutar de la buena interpretación de Griffin Dunne que se rodea de rostros de los ochenta como Rosana Arquette,Teri Garr o una desconocida Linda Florentino o unos secundarios como John Heard. Como curiosidad resaltar que en una de las escenas más locas en el local Punk aparece un exaltado Scorsese manipulando los focos de luz. En el mismo documental sobre la realización de la película cuentan cómo Scorsese, después de un mal periodo de su vida con mucho desencanto encima, recuperó con esta película su amor por la dirección de películas…

Merece la pena sumergirse en esta noche loca y extraña de Paul…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Castillos en la arena es uno de los melodramas de los años sesenta más olvidados (recordemos que la nueva etapa dorada de este género fue en los años cincuenta), quizá se mantiene en memorias cinéfilas por dos posibles motivos: la banda sonora de Johnny Mandel (y ese leit motiv repetido… La sombra de tu sonrisa…) y ser una de las películas protagonizadas por pareja mítica dentro y fuera del cine: Liz Taylor y Richard Burton.

Pero no son esos sus únicos valores aunque sí importantes. Castillos en la arena es melodrama que alcanza extasis sin alcanzar el ridículo (que son siempre los riesgos que bordean este tipo de género…). Y esto es importante porque vuelve a mostrar cómo Vincente Minnelli en una de sus últimas películas pone en evidencia que él fue no sólo un eficaz director de comedia musical y comedia a secas sino uno de los reyes del melodrama. Un melodrama que siempre enfocaba con ritmo y narración sutil y elegante valiéndose de la intensidad de los intérpretes, de las posibilidades cromáticas del color (aunque también mostró buen atino con el blanco y negro) y de una dirección implecable. Pero destaca sobre todo, siempre, el tremendo cariño y respeto con el que trata a cada uno de los personajes implicados en la trama.

Así un paseo por el melodrama de Minnelli nos lleva a películas tan valiosas como Con él llegó el escándalo o la maravillosa Como un torrente pasa por su amor a la pintura en El loco del pelo rojo o atrapa al cine dentro del cine en uno de sus dramas más analizados, Cautivos del mal. Se acerca a una juventud confundida pero igual que el mundo adulto en Té y simpatía. Para desembocar de manera dulce y elegante en un melodrama a las orillas del mar en Castillos en la arena. Que sí bien es cierto no es la más perfecta, sí logra que el espectador quede atrapado con una historia de infidelidad elegante que protege a los tres protagonistas del triángulo y en ningún momento los juzga…

Si echamos un vistazo a los melodramas citados, hay siempre algo que parece llama la atención del director y es enfrentar a dos personas con distintos planteamientos de la vida o con diferentes caracteres… del choque suele surgir el drama. Así nos encontramos con padres déspotas e hijos sensibles, con productores manipuladores y actrices delicadas, con pintores al borde de la locura y otros apasionados por la vida, con jóvenes sensibles y damas con experiencias de vida, con prostitutas de buen corazón enamoradas de hombres atormentados y retorcidos…, y todo siempre envuelto con una hipocresía social que hace más desgraciados aún a los protagonistas. Castillos en la arena no es una excepción. Los polos opuestos se atraen y terminan atrayéndose y por eso transformándose como personas aunque no sea posible el happy end.

Así en un paisaje natural, de mar alucinante, casa en la playa y acantilado de ensueño, se encuentran un estricto, inteligente y conservador pastor episcopaliano que se dedica al mundo de la enseñanza (e importante feliz hombre casado con dos hijos adolescentes y una esposa fiel y sumisa) y una pintora bohemia atea en comunicación con la Naturaleza y cuya religión máxima es un individualismo radical que la permita conocerse a sí misma, alejarse de los hombres (que no la han dado más que problemas con sus hipocresías) y construirse como mujer libre. De esta manera dos seres que nunca se hubieran encontrado por sus caracteres y modos de vida absolutamente opuestos se unen por una circunstancia: el hijo de la pintora, que hace que sus caminos se unan.

Y de esta unión surge un amor auténtico nunca vivido por ambos protagonistas pero también un choque brutal con el mundo exterior. Y por ese amor ambos se transforman, aprenden de sus distintas concepciones de la vida y se respetan… pero desde el primer momento saben que es un amor imposible que además finalmente les es imposible ocultar haciendo como no daño a terceros.

Y todo esto desde una elegancia contenida y una continúa comprensión de sus personajes. Sobre todo del trío en cuestión: Richard Burton y Liz Taylor, apasionados y enamorados, y una Eva Marie Saint como esposa perpleja pero que finalmente trata de comprender aunque necesite un tiempo y una separación del hombre junto al que ha permanecido a su lado siempre tratando de construir los sueños de ambos… que han visto como se han ido sepultando a lo largo de los años… rodeados de una sociedad hipócrita que oculta pero daña y rechaza y metiéndose ellos de lleno en el juego.

Quizá lo más endeble de la trama pero no molesta son los personajes-obstáculo-antagónicos que hacen más compleja la relación de infidelidad del pastor y la pintora. Porque así como ellos muestran una relación pura y hermosa que ha sido inevitable y tratan de quitar cualquier mancha o sensación de culpa… hay dos personajes que con su mirada no hacen más que ensuciar la relación de cara a los dos mundos a los que pertenecen los protagonistas. Y aunque la idea es buena, estos personajes secundarios no están del todo bien perfilados… aunque cumplen su función y además cuentan con el rostro de dos actores con carisma. Por una parte, del mundo de ella, nos encontramos con un artista bohemio que sin embargo rechaza de pleno en su mundo la entrada del conservador pastor y en cada una de sus escenas trata de humillarle y reírse de él, de sacarle de sus casillas. El artista bohemio es Charles Bronson. Del mundo de él es un hombre casado y ahora divorciado que tuvo una historia con Liz, por supuesto, rodeada de hipocresía (además él no la amaba sólo la deseaba) que no tiene escrúpulo alguno y es un rey en el mundo de las apariencias en una sociedad respetable o mejor dicho que quiere ser respetable. El hombre de negocios hipócrita tiene el rostro de Robert Webber.

Castillos en la arena te atrapa con su elegancia y delicadeza y te hace desear no salir de esa casa en la orilla del mar donde cada día amanece de manera distinta, donde puedes caminar, pensar, aislarte… o estar disfrutando junto a la persona amada de tres días de felicidad.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Primer plano: hay primeros planos de rostros que se te quedan pegados para siempre en la memoria. Son rostros difíciles de borrar. La mayoría de ellos corresponden al final de una película. Otros son momentos de catarsis. Son los primeros planos que nunca se borran.

El uso de un primer plano de un rostro puede llenar de significado un personaje o una película entera. Un ejemplo que hemos tenido últimamente son los increíbles primeros planos tanto de Juliette Binoche como de William Shimell en Copia certificada. Y esos rostros nos cuentan mucho.

Pero inolvidable es el último primer plano, que se detiene en el tiempo, de Antoine Doinel en Los 400 golpes. Ese rostro que nos mira, desafiante, como diciendo, ‘y ahora qué’. O esos primeros planos que cierran las películas de Los vividores y de Érase una vez en América en salones de opio. Uno corresponde a Julie Christie que es Constance Miller, una madame de burdel, que decide evadirse de la dureza que la oprime, vaciarse voluntariamente de sentimientos. El otro es de Robert de Niro, un primer plano enigmático donde De Niro ofrece una sonrisa totalmente ido por el opio. ¿Es todo lo que hemos visto un sueño?

Sin duda uno de los primeros planos más míticos es el que cierra Luces de la ciudad donde Charlot es reconocido por la chica ciega que ahora ve. Y en ese reconocimiento tan temido, el sin hogar regala timidez, una lágrima y una sonrisa. Brutal.

Y mucho antes ¿cuántas veces habremos visto el rostro de sufrimiento de Juana de Arco, la Juana silente con los sentimientos desnudos de Renée Jeane Falconetti en la obra de Dreyer? O ese rostro vencido y estremecedor de un payaso humillado que grita su desesperación… que antes fue un gris profesor de escuela y se dejó arrastrar por la cabaretera Lola en El Ángel azul.

En otros se nos muestra al personaje totalmente vencido. Así impactante es ver a esa Marquesa pérfida con rostro de Glenn Close que ahora se sabe derrotada y que ha llevado su juego demasiado lejos en Las amistades peligrosas. Se va desmaquillando frente al espejo mientras una lágrima cae furtiva.

O muestra la decadencia física de un personaje. La juventud que se escapa en breve. Lo efímero del tiempo. Inolvidable esa cortesana madura y bella que sabe que queda ya poco tiempo para la belleza. Una Michelle Pfeiffer frente al espejo en Chéri.

Otros primeros planos se clavan en mi mente. Como esa madre que inicia un viaje al abismo junto a su familia en Las uvas de la ira y todavía se mira coqueta en un espejo para ver cómo le quedan unos pendientes… O ese ser violento y loco que recibe una terapia de choque que le trastorna aún más volviéndolo además casi un robot. Y así todos recordamos ese primer plano con esos ojos abiertos ‘a la fuerza’ para que reciba imágenes impactantes en La naranja mecánica. O inolvidables los primeros planos de Vito Corleone en la primera parte de El padrino, que nos presenta a un personaje de peso con carisma fuerte. O ese Michael gritando al borde de la locura cuando le arrebatan lo que más ama al final de El padrino III.

Revolotean los primeros planos en mi mente en una cadena que nunca acaba.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Alguno de estos matrimonios han traspasado las pantallas, otros han sido meramente profesionales. Pero sí hay algo cierto. Cuando funciona la ‘química’ funciona de verdad. Muchas veces hemos nombrado algunas de estas parejas artísticas. Las que más conocemos son las de los directores con algún actor o actriz y la de las directoras con algún actor o actriz. La de dos actores, dos actrices o un actor y una actriz. Sin embargo hay otro tipo de matrimonios artísticos más en la sombra: compositores de bandas sonoras y directores, guionistas y directores, directores de fotografía y directores, diseñadores y actores o actrices, productores y directores, productores y actores o actrices…

Inevitablemene si nos viene a la memoria Tim Burton no podemos evitar que el rostro del actor Johnny Depp se materialice en nuestra mente. Si, por ejemplo, damos la mano a Scorsese dividimos su trayectoria ahora según sus actores fetiches: primero fue Robert de Niro ahora es Leonardo DiCaprio. Si estudiamos la carrera cinematográfica como director independiente de John Cassavettes muchos actores nos vienen a la cabeza pero sobre todo también la que sería su compañera sentimental: Gena Rowlands. O si pensamos en Woody Allen también podemos dividir su carrera es sus actrices musas: Diane Keaton, Mia Farrow o Scarlett Johansson. El maestro del suspense se rodeó de rubias glaciares que eran puro fuego y con dos héroes masculinos (muchos otros protagonizaron sus historias pero éstos son los que siempre van a la memoria colectiva cinéfila): su máxima musa fue Grace Kelly aunque antes también había disfrutado con la Bergman. Sus héroes son Cary Grant, perfecto caballero que no se despeina pero actúa como los ángeles, y James Stewart, perfecto ciudadano que se ve metido en intrigas que no espera. También estuvieron unidos por años y años John Ford y su héroe fordiano por excelencia: John Wayne. En la comedia pura y dura formaron tándem genial Billy Wilder y Jack Lemmon… para el drama o la tragedia o la comedia agridulce optó por William Holden. Si nos vamos a España algo similar ocurre con Almodóvar y su trouppe de actores y actrices que se les reconoce como almodovianos. Sus mujeres dividen su carrera: Carmen Maura, Victoria Abril, Penélope Cruz… O si saltamos a Francia nos encontramos con el bueno de Truffaut y su alter ego, Jean Pierre Léaud. O si volamos a Italia bailamos con Marcello Mastroianni y Federico Fellini y también nos deleitamos con Rossellini y la Bergman. Otras parejas de este tipo no tan recordadas son las formadas por Richard Quine y Kim Novak o por Frank Capra y Jean Arthur.

Aquí retomamos otro tipo de relación. Relación artística entre actores. Así nos encontramos con una filmografía completa entre por ejemplo volviendo a Mastroianni con Sofia Loren. No podemos separar a Katherine Hepburn de las películas que protagonizó con Spencer Tracy hasta que fueron ancianos los dos, creímos así su historia dentro y fuera de las pantallas. Como ocurrió con Richard Burton y Liz Taylor que también envejecieron juntos en pantalla. O Paul Newman y su esposa eterna Joanne Woodward, intelectuales y profesionales. Fueron símbolo de modernidad de nuevos tiempos en Hollywood, los bellos Warren Beatty y Julie Christie. Tampoco olvidamos a Humphrey Bogart y Lauren Bacall, divos del cine negro… pero en una estela que ya habían mitificado muy bien los olvidados Veronica Lake y Alan Ladd. Y en los años treinta, en los años de la depresión lograron ser pareja de evasión con sus bailes Fred Astaire y Ginger Rogers en salones inalcanzables. En los cincuentas la comedia blanda fue sin duda terreno para Doris Day y Rock Hudson, que no eran tan felices e inocentes en sus vidas reales aunque sí fueron buenos amigos.También funcionan los dúos masculinos con mucha química (menos ocurre con dúos femeninos). Así nos han hecho disfrutar aventuras Clark Gable y Spencer Tracy, nos han puesto el corazón en un puño y la sonrisa siempre dispuesta Paul Newman y Robert Redford, nos hicieron reír Jerry Lewis y Dean Martin… Si nos vamos a un cine más contemporáneo ha funcionado la química de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio… les esperamos en una tercera película.

Billy Wilder, también guionista, cuando se puso frente la dirección no dejó de escribir los guiones y esta vez sus compañeros inseparables dividieron su carrera, primero fue junto a Charles Brackett y después A. L. Diamond. Berlanga y su mundo encontraron reflejo en los guiones de Rafael Azcona. En el cine más actual funcionaron bien mientras estuvieron juntos el director Iñárritu y el guionista Arriaga. Tándem inseparable fue Douglas Sirk en sus melodramas más emocionantes con la fotografía imprescindible de Russell Metty. Si nos vamos a las bandas sonoras y nos adentramos en una película de Sergio Morricone sabemos que vamos a escuchar a Ennio Morricone y si nos centramos en el universo de Fellini siempre oíremos alguna nota musical de Nino Rota. El suspense se hace música en las películas de Hitchcock con las melodías de Bernard Herrmann. Una de las parejas artísticas más curiosas fue la del artista gráfico, rey de carteles y créditos impresionantes, Saul Bass y el director Otto Preminger. Tampoco se escapa la relación entre Audrey Hepburn con el diseñador Hubert de Givenchy. Los productores también estuvieron unidos a estrellas o directores. Si nos viene a la cabeza el productor duro de roer Harry Cohn se le relaciona con su relación tormentosa con Frank Capra… y también fue un tormento para Rita Hayworth o Kim Novak. El productor independiente David O’Selznick se obsesionó con hacer de Jennifer Jones una estrella. Al igual que Ponti construyó la carrera de la Loren o Laurentis la de Mangano.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Dijo Iñárritu: voy a titular una película biutiful, como escribiría un niño bonito en inglés, y luego con esta metáfora genial presento todo lo feo y además lo reitero. Biutiful es simplemente una película de Iñárritu con un contenido vacío que se recrea, con detalle, en lo mísero pero sin ningún fin. Tan sólo para ofrecernos su poderío visual e imágenes efectistas. Repetición continúa del dolor y la tragedia hasta tal punto que anestesia al espectador que se queda sin capacidad de emoción, empatía y sufrimiento…, incluso mirando al reloj suplicando que le llegue ya el destino fatal a San Uxbal. Sin sufrimiento, sin derramar una lágrima… porque ha sido tal la sucesión de desgracias que invalida cualquier sentimiento posible.

Y lo invalida porque te preguntas: pero ¿para qué me está contando todo esto?, ¿qué me quiere decir?, ¿qué me quiere mostrar?, ¿qué realidad me quiere presentar?, ¿qué quiere criticar o denunciar? No hay el menor atisbo de discurso o reflexión cinematográfica sobre el mundo contemporáneo (algo que sí había en Babel que yo siempre he defendido). Vale, no hay discurso político social. Muy bien. Entonces ¿qué quiere transmitir con ese descenso a los infiernos de San Uxbal?, ¿una película sobre la redención? Pues entonces con un pésimo guión nos hemos topado y con una manera torpe de narración cinematográfica a pesar del impacto visual, porque Iñárritu y compañía saben rodar. La redención no se ve por ninguna parte porque desde el principio San Uxbal nos es presentado como un héroe bueno golpeado una y otra vez con todo tipo de sufrimientos y tragedias que debido a sus circunstancias y al destino tiene que dedicarse a negocios ilícitos… pero todo con buen corazón y con conciencia… ¿alguien puede creerse algo así? No, Uxbal tendría que haber sido un tipo de los bajos fondos, sin escrúpulos, y sin conciencia —efectivamente por circunstancias, así es más creíble y humano—, un hijo puta, hablando mal pero para que me entiendan mejor, que de pronto algo le hace reflexionar sobre lo que está haciendo o sobre cómo está dirigiendo su vida y entonces en un momento determinado el personaje, que reflexiona, es redimido o provoca un acto de redención. Y ahí sí hubiera habido un momento de catarsis donde el espectador hubiese podido sentir algo y sentir empatía con el personaje de Uxbal.

Y no tengo más remedio que irme al cine clásico para mostrar cómo se encadena bien una sociedad donde sólo se muestra el lado oscuro, donde hay un personaje que encadena una tragedia con otra, que siempre va huyendo, y es un tipo de bajos fondos que actúa como un verdadero hijo puta pero que sin embargo al final va inspirando al espectador empatía y compasión porque es un ser humano que se equivoca una y otra vez y aunque finalmente quiere arreglar las cosas no tiene oportunidad de corregirse. ¿Recuerdan Noche en la ciudad de Jules Dassin?

La reiteración anula el efecto. Y Biutiful es un ejemplo. San Uxbal desciende por el infierno del lado oscuro de Barcelona y por su degradación física y psíquica a través de una enfermedad mortal (o sea no sólo el personaje es envuelto en un mundo miserable y decadente sino que además le añade la corrupción de su cuerpo). Así Iñarritu para demostrar la decadencia física del personaje, no sólo nos presenta a un San Uxbal con rostro demacrado, sino después de dejarnos escena de médico en que le describe su estado avanzado de la enfermedad nos muestra incasable que el protagonista micciona sangre (unas cinco veces, para que no se nos olvide), padece incontinencia (y para reiterarnoslo nos lo muestra hasta en pañales) y sufre dolores y vómitos. Para que nos quede claro que vive rodeado de un ambiente misero nos presenta una y mil veces una casa decadente donde hay un hogar pobre poblado por bichos vivientes y con las paredes desconchadas, nos muestra que ha tenido una relación sentimental marcada por el dolor y la tragedia porque su mujer es politoxicomana con patología dual que además maltrata a uno de los pequeños hijos que tienen en común, nos enseña que tan sólo tiene un hermano cocainómano que se tira a su ex, nos señala que tiene una especie de conocido de la infancia que es lo que se conoce por un poli corrupto, y filma con deleite una brutal redada y persecución de policía a los manteros inmigrantes como si fueran los Geo…

San Uxbal, que todo lo hace por sus dos hijos, no se plantea que está explotando a seres humanos, que trafica con inmigrantes sin papeles y que forma parte de una cadena humana que juega con la vida de las personas. No, él es San Uxbal y todo lo hace por compasión. Y me quiere hacer creer que sabiendo cómo sobreviven hacinados unos chinos en una habitación cerrada les compra por equivocación los calentadores de butano más baratos porque sólo pretendía que no pasaran frío y claro él era incapaz de pensar en la tragedia que esto podía desencadenar. San Uxbal, además, cuenta con poderes sobrenaturales y se puede comunicar con los muertos y el más allá para dar así una dimensión más espiritual al personaje… ¿para qué sirve ese don en esta película? Me lo pueden explicar. También me quiere proporcionar tramas secundarias que me dejan fría como esa historia del explotador chino, padre de familia tradicional, que tiene un joven amante.

En toda historia de decadencia y miseria se necesitan personajes positivos pero ¿a San Uxbal para qué le hacen falta si no le cambian, si no le plantean ningún dilema, si siente ya desde el principio toda la compasión del mundo y sólo tiene buena fe y mala suerte? Y aquí nos deja la inocencia de los dos hijos pequeños y la inmigrante africana que tiene capacidad de compasión hacia San Uxbal (que es su explotador pero que tiene un corazón de oro) y también de tentación (tiene un momento de debilidad, de ‘venganza’ por necesidad de San Uxbal pero no puede).

No obstante Biutiful nos deja escenas con poderío visual, soluciones cinematográficas que pueden sorprender (lo que demuestra, en el nombre del padre, del hijo y el espíritu santo, que Iñárritu es virtuoso con la cámara y nos presenta producto de factura impecable) y, como es habitual, en sus películas, una galería de intérpretes protagonistas y secundarios que nos dejan unas interpretaciones buenas. Aquí, en interpretación hay mucho que alabar, y por supuesto San Uxbal-Javier Bardem es intenso y deja una interpretación buena con un personaje equívoco en contenido vacío que es un canto a la reiteración de la miseria que no lleva a ninguna parte.

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